Leer a Oliverio Girondo


"La obra de Girondo se ordena así como una solitaria expedición de descubrimiento y conquista, iniciada bajo un signo diurno, solar, y que paulatinamente se interna en lo desconocido, llega a los bordes del mundo, una travesía en la que alguien, en su conocimiento deslumbrado de las cosas, siente que el suelo se hunde bajo sus pies a medida que avanza, hasta que las cosas mismas acaban por convertirse en las sombras, de su propia soledad."

Enrique Molina 

La obra poética del poeta argentino Oliverio Girondo se desarrolla en el ambiente cultural de las vanguardias. La llegada de Jorge Luis Borges a Buenos Aires en 1921 y el desarrollo de la producción literaria de los grupos de Florida y Boedo creó el clima propicio para una renovación de la literatura argentina, marcada por la impronta de Leopoldo Lugones y Rubén Darío.

Veinte poemas para ser leídos en el tranvía

Oliverio Girondo llega a Buenos Aires con un proyecto de escritura provocador: Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (1922). Un libro que recoge la mirada cosmopolita de un poeta que viajó mucho por Europa y América y se propone dar vuelta de página a la rica tradición de la literatura de viajes.
Una de las características más notables de este conjunto de poemas es la potencia de la imagen visual, acentuada por las diez ilustraciones del propio autor, que dialogan con los poemas, a veces ilustrándolos y otras veces “completando” lo que dicen las palabras.
El contacto de Girondo con la vanguardia francesa y su lectura de los poetas malditos es evidente en las técnicas que utiliza en sus primeros libros, como la del collage, que juega con distintos planos a la manera de una cámara que se enamora de lo cotidiano: "una manifestación admirable y modesta de lo absurdo" y se pregunta: "...cortar las amarras lógicas, ¿no implica la única y verdadera posibilidad de aventura?".

Estas nuevas ideas, pronto comenzará a difundir, sobre todo a partir de la creación de la Revista Martín Fierro, que impulsa junto a Evar Méndez. Uno de los textos que mejor representa esta visión de la literatura es el Manifiesto:

Calcomanías

Portada de Calcomanías, Madrid, Calpe, 1925
En 1925 Girondo publica Calcomanías, un libro que da continuidad al primero, también fruto de la experiencia del viaje -esta vez por España- donde la mirada agudiza el sentido del humor crítico y la ironía, donde desaparece el cosmopolitismo urbano que celebraban los tranvías, automóviles y edificios de los veinte poemas.

Una visión casi épica leemos en poemas como “Siesta”, “Escorial” o el largo y satírico poema que le dedica a la Semana Santa sevillana.


Espantapájaros

En Espantapájaros (al alcance de todos) (1932), su tercer libro, quiebra el orden del verso y apunta al ritmo interior jugando con las técnicas vanguardistas, desde el espantapájaros que dibujó José Bonomi para la tapa del libro hasta los poemas en prosa.

Siete poemas de Oliverio Girondo
"Espantapájaros" es el libro en el que el poeta disfruta de una libertad total en el lenguaje, donde el sentido del humor, el absurdo y los continuos embistes a la lógica, se entremezclan con los sueños, las emociones intensas y un lirismo nuevo que emerge entre las deconstrucciones que nos propone como un niño que juega con las palabras.

Interlunio

En 1937, aparece su cuarto libro, Interlunio con aguafuertes de Lino Eneas Spilimbergo. La Segunda guerra, la década infame y sus secuelas dejan huella también en la escritura de Girondo, que destila cierto desaliento.

Persuasión de los días

Persuasión en los días, Buenos Aires, Losada, 1942
En Persuasión de los días (1942). Hay una degradación de lo poético, desde Veinte poemas hasta Persuasión, un cambio de perspectiva que según afirma Molina, supone “el paso de la geografía a la ética». Como si se tratara de una huida del mundo degradado y miserable, el poeta se despoja de lo urbano y se adentra en lo telúrico.


En la Masmédula

En la Masmédula Editorial Lozada (1953)
En la masmédula (1953-1956), un libro que es su lenguaje y las resonancias que otros poetas como Vallejo, Huidobro, Valéry, los futuristas tenían en su poesía. Una vez más, Girondo se renueva y lo hace transgrediendo, como fue desde el primer libro, jugando con los aspectos morfosintácticos y fónicos, acentuando la musicalidad y llevando al extremo la posibilidad de significar a través del verso libre.

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Para seguir leyendo este poeta...

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