Roberto Arlt, el inventor de la novela urbana.

¿Quién fue?

Roberto Arlt fue un loco, un fuera de serie. Un hombre que vivió ¿poco? cuarenta y dos años que le bastaron para levantar con mucho esfuerzo una obra de fractura en la literatura argentina. Una obra singular y resistida, desvalorizada inicialmente, y construida en un tiempo convulsionado -el de la posguerra, de la crisis económica internacional, del empobrecimiento de la clase obrera argentina (a la que él pertenecía)- en medio de una vida agitada, por haber nacido en un hogar de inmigrantes (de padre alemán y madre suiza, criada en Italia), de educación extremadamente rígida, de muchas dificultades económicas, que prácticamente lo expulsa a los dieciséis años y lo convierte en emigrante de su barrio de Flores a la provincia de Córdoba. De la que vuelve a los pocos años, a Buenos Aires, como se dice "con una mano atrás y otra adelante".


Las Aguas Fuertes

Arlt fue un buscavidas, un inventor que soñaba con patentar para que le dieran la estabilidad que necesitaba para poder escribir. En busca de esa estabilidad ejerció el periodismo, que le permitió publicar en distintas revistas y diarios, entre ellos “El Mundo”, donde aparecieron diariamente, entre 1928 y 1933, sus famosas crónicas: las aguafuertes porteñas, que exponen su visión crítica acerca de temas que le interesan como la política, la lengua, el origen de algunas palabras, el oficio de escritor, pero sobre todo los cambios que experimenta esa ciudad monstruo que comienza a ser Buenos Aires. 

El aguafuerte es un tipo de grabado que tiene como materia el ácido sobre la chapa y de eso precisamente hablan las aguafuertes que son un testimonio del pasado: de su visión angustiada de los cambios que Arlt percibe en el espacio y la vida social.

Sus relatos, abundantes en descripciones mordaces y deliciosas, constituyen ejercicio cotidiano de escritura en una lengua plagada de neologismos y rarezas, escrita con materiales de distinta procedencia: desde la observación cotidiana “callejeando”, como decía él, las voces que escucha, lo que le escriben sus lectores, sus conocimientos técnicos y una visión casi cinematográfica del Expresionismo alemán que muestra al ciudadano acosado por el monstruo de la masificación y de los grandes centros urbanos.

Tras las aguafuertes porteñas, se publicaron las aguafuertes españolas (1935-36), que el escritor escribió en sus viajes por España y Marruecos, antes de la Guerra Civil española, las gallegas, las cariocas. Todas ellas fueron recopiladas en libro.


La Oveja negra

Arlt pasó a la posteridad por su manera de contar, por atreverse a usar la lengua de sus orígenes inmigratorios, la lengua anti-literaria, “mal hablada”, “incorrecta”, dislocada sintáctica y semánticamente y produjo un rechazo inmediato –incluso en el círculo de escritores de izquierda, del grupo de Boedo, con el que se lo vincula habitualmente. La Editorial Claridad rechazó publicar “El juguete rabioso”, porque a su asesor, el escritor Elías Castelnuovo no le gustó. Fue su amigo, Ricardo Güiraldes, quien lo apoyó en sus primeros años en Buenos Aires, cuando comenzó a vincularse con el ambiente literario, luego de aconsejarle corregir la ortografía.

Su literatura tampoco era afín a las convenciones imperantes –mucho menos a la cosmovisión vanguardista que los escritores de Florida habían importado de Europa–. La crítica lo ha comparado permanentemente con Jorge Luis Borges. Ambos escritores se sitúan en los extremos opuestos, en dos orillas de la vida. Uno, hijo de la aristocracia porteña, un intelectual, un políglota, que cultiva la literatura como un arte cada vez más exquisito; el otro, hijo de inmigrantes pobres, de una clase social emergente y estigmatizada en los años de la urbanización, que escribe su propio desgarro, su desesperanza esperanzadora.

Pasarán muchos años, hasta que la Academia y la crítica literaria revalorice el aporte de Roberto Arlt a la literatura argentina. Comenzó a hablarse entonces de la “modernidad” de Arlt. El autor incorporó tempranamente a la literatura el discurso de la técnica, que estaba completamente fuera de la tradición, y provenía de un mundo que él conocía muy bien, desde su lugar alejado del centro, de la “alta” cultura porteña y nacionalista, que veía a los hombres de origen social una amenaza a la identidad cultural “argentina”.

En el ensayo “Lo maravilloso moderno” –publicado en los años noventa–,  Beatriz Sarlo explica que:

Arlt es políticamente incorrecto. Aunque sus ideas socialistas no se filtraban de manera folletinesca en su literatura, encontramos revolucionarios entre sus personajes, pero también seres marginales, pobladores de las periferias (el prostíbulo, el arrabal) y de una complejidad psíquica que los condena a finales trágicos.

En el “El juguete rabioso” podemos ver una galería de personajes poco felices, que luchan descarnadamente contra su hamartía o su destino trágico. Su programa de escritura parece ser ese retrato social duro y descarnado, pintado con violencia, que presenta una visión crítica de la burguesía y de la vida urbana de las ciudades donde la gente se hacina, mal vive y trabaja sin descanso.

Sus novelas (El juguete rabioso, Los siete locos, Los lanzallamas, El amor brujo) abordan temas inéditos en la literatura de la época, en una prosa cruda, difícil de “digerir”: la visión dolorosa del amor, la homosexualidad, la prostitución, la delincuencia.


Siguiendo esta lectura bajtiniana que propone Zubieta, lo bajo (las miserias humanas, la violencia, la muerte, la oscuridad, la animalidad de los personajes) nos habla también de su par opuesto: lo alto (los valores, la justicia, la vida, la luz, la humanización de los personajes).

Para seguir conociendo al escritor...


 

Algunas de sus obras


- El juguete rabioso

- Los siete locos

- El jorobadito y otros cuentos

- El criador de gorilas


Y vos....

¿Leíste algo de Roberto Arlt?

Encontrá más del Escritor acá : Roberto Arlt - Eterna Cadencia

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