Roberto Arlt, el inventor de la novela urbana.
Roberto Arlt fue un loco, un fuera de serie. Un hombre que vivió ¿poco? cuarenta y dos años que le bastaron para levantar con mucho esfuerzo una obra de fractura en la literatura argentina. Una obra singular y resistida, desvalorizada inicialmente, y construida en un tiempo convulsionado -el de la posguerra, de la crisis económica internacional, del empobrecimiento de la clase obrera argentina (a la que él pertenecía)- en medio de una vida agitada, por haber nacido en un hogar de inmigrantes (de padre alemán y madre suiza, criada en Italia), de educación extremadamente rígida, de muchas dificultades económicas, que prácticamente lo expulsa a los dieciséis años y lo convierte en emigrante de su barrio de Flores a la provincia de Córdoba. De la que vuelve a los pocos años, a Buenos Aires, como se dice "con una mano atrás y otra adelante".

Arlt pasó a la posteridad por su manera de contar, por atreverse a usar la lengua de sus orígenes inmigratorios, la lengua anti-literaria, “mal hablada”, “incorrecta”, dislocada sintáctica y semánticamente y produjo un rechazo inmediato –incluso en el círculo de escritores de izquierda, del grupo de Boedo, con el que se lo vincula habitualmente. La Editorial Claridad rechazó publicar “El juguete rabioso”, porque a su asesor, el escritor Elías Castelnuovo no le gustó. Fue su amigo, Ricardo Güiraldes, quien lo apoyó en sus primeros años en Buenos Aires, cuando comenzó a vincularse con el ambiente literario, luego de aconsejarle corregir la ortografía.
Su literatura tampoco era afín a las convenciones imperantes –mucho menos a la cosmovisión vanguardista que los escritores de Florida habían importado de Europa–. La crítica lo ha comparado permanentemente con Jorge Luis Borges. Ambos escritores se sitúan en los extremos opuestos, en dos orillas de la vida. Uno, hijo de la aristocracia porteña, un intelectual, un políglota, que cultiva la literatura como un arte cada vez más exquisito; el otro, hijo de inmigrantes pobres, de una clase social emergente y estigmatizada en los años de la urbanización, que escribe su propio desgarro, su desesperanza esperanzadora.
Pasarán muchos años, hasta que la Academia y la crítica literaria revalorice el aporte de Roberto Arlt a la literatura argentina. Comenzó a hablarse entonces de la “modernidad” de Arlt. El autor incorporó tempranamente a la literatura el discurso de la técnica, que estaba completamente fuera de la tradición, y provenía de un mundo que él conocía muy bien, desde su lugar alejado del centro, de la “alta” cultura porteña y nacionalista, que veía a los hombres de origen social una amenaza a la identidad cultural “argentina”.
En el ensayo “Lo maravilloso moderno” –publicado en los años noventa–, Beatriz Sarlo explica que:
En el “El juguete rabioso” podemos ver una galería de personajes poco felices, que luchan descarnadamente contra su hamartía o su destino trágico. Su programa de escritura parece ser ese retrato social duro y descarnado, pintado con violencia, que presenta una visión crítica de la burguesía y de la vida urbana de las ciudades donde la gente se hacina, mal vive y trabaja sin descanso.
Sus novelas (El juguete rabioso, Los siete locos, Los lanzallamas, El amor brujo) abordan temas inéditos en la literatura de la época, en una prosa cruda, difícil de “digerir”: la visión dolorosa del amor, la homosexualidad, la prostitución, la delincuencia.
Algunas de sus obras
- El juguete rabioso
- Los siete locos
- El jorobadito y otros cuentos
- El criador de gorilas
Y vos....
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